CATAMARCA (enviada especial).- Tres chicos con uniforme se alejan contentos del Colegio del Carmen y San José, que este miércoles ha dedicado la jornada escolar a reflexionar sobre la muerte de la ex alumna María Soledad Morales. LA GACETA les pregunta qué saben de aquel caso. Los estudiantes, que tienen la respuesta en la punta de los labios, cambian la sonrisa por una mueca de seriedad: "los catamarqueños se unieron para pedir Justicia y nosotros debemos seguir ese ejemplo".
Los chicos están acostumbrados al interrogatorio de los periodistas. Este año, los 800 estudiantes del turno mañana -que no habían nacido en 1990, cuando María Soledad falleció- han disfrutado del privilegio de recordar a la muchacha (y lo que representa) con su familia, sus ex compañeras y la ex rectora Martha Pelloni.
Veinte años han aquietado la convulsión del colegio que participó activamente en la organización de las decisivas marchas del silencio. La institución sigue fiel a la política de hablar sobre el tema. "La condena a prisión de Guillermo Luque y Luis Tula nos ayudó a recuperarnos como comunidad. Con el tiempo comprendimos que debíamos contar lo sucedido a las nuevas generaciones, que tienen un sentido innato de justicia", confirma la directora Eugenia Gaffle.
La sensibilización de los estudiantes ha incluido la proyección de la película "El caso María Soledad", del cineasta Héctor Olivera; un foro con el matrimonio Morales y Pelloni; y una celebración eucarística animada con los cantos de un grupo de alumnas de la promoción de 1990.
La reunión ha conmovido a Nancy Klaric, compañera de María Soledad, que no puede dejar de llorar. Y a borbotones narra lo siguiente: "éramos un curso fuerte, bastante revolucionarias para la época. Hoy volví a sentir todo. Lo que le pasó pudo ocurrirle a cualquiera de nosotras. Yo estaba allí aquella noche de la elección de la reina, era la encargada del desfile. Era algo muy importante para nosotras y no prestamos atención cuando vimos que Soledad se iba de la confitería". La evocación desborda a Klaric, que jura que aquel homicidio supuso el fin de la ingenuidad. "A mi generación le quitaron la confianza en la bondad ajena. Antes no sabíamos qué era la inseguridad... ¡Cuánto hemos perdido!", reprocha y así, triste, enfila hacia la puerta de salida.
El recuerdo de María Soledad Morales moviliza. Gaffle, por ejemplo, advierte que el crimen creó una división interna en el establecimiento: "algunos profesores y padres no querían que nos involucremos públicamente. Aquí también se escucharon comentarios tremendos como ?no te metás? y ?algo habrá hecho?".
Pero los años limaron los sinsabores y enfatizaron la esencia de aquella historia. "Nos quedamos con la idea de una movilización popular nacida en Catamarca a partir de la desesperación de la gente sencilla", sintetiza la directora.